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¿Estás seco de ideas? ¿No sabes cómo empezar o continuar con tu novela? ¿No sabes cómo rellenar un hueco en la trama? Existe una técnica muy popular originaria del mundo de la empresa que puede resultarte de ayuda: el brainstorming.

La técnica del brainstorming, también denominada lluvia o tormenta de ideas, es, en su origen, una técnica para estimular el prensamiento creativo en grupo. En su formato original, un grupo de personas procedentes de la mayor variedad posible de disciplinas y grados de experiencia se reúnen bajo la dirección de una persona que hará de moderador. El moderador propone el problema que se va a tratar y todos los integrantes, sin un orden de participación establecido de antemano, comienzan a proponer las soluciones posibles que se les vayan ocurriendo.

 Las normas básicas de una sesión de brainstorming  son las siguientes:

  • La reunión estará centrada en el problema. Es responsabilidad del moderador que la sesión no derive en una divagación sobre temas relacionados con el problema propuesto pero que son irrelevantes a la hora de hallar una solución.
  • Se animará a participar a todos los integrantes, pero no se les obligará.
  • No se criticará ni censurará ninguna idea, sin importar lo fantasiosa, cara de llevar a cabo o ninguna otra consideración. Si se hace, los integrantes se cohibirán a la hora de aportar soluciones imaginativas que podrían ser importantes o inspirar en otra persona una idea más ajustada a la realidad, pero basada en la anterior.
  • Tampoco se "premiará" ninguna idea en forma de elogio. Los integrantes podrían desechar, antes de formularlas, ideas que no se ajusten a las características de las ideas que se están elogiando. Esto puede hacer que la reunión se centre en una especie de "pensamiento único" y todas las soluciones propuestas girarán en torno a un único aspecto y se descartarán todos los demás.
  • Absolutamente todas las ideas se anotarán. Ninguna se dejará fuera por demasiado fantasiosa, cara de llevar a cabo o cualquier otra consideración.
  • Lo importante es la cantidad. Cuantas más ideas se tengan, mejor.

¿Por qué funciona el brainstorming? Porque todos los participantes oyen las soluciones de los demás y, en un ambiente seguro y de total libertad de expresión, las ideas ajenas estimularán la propia creatividad. Unas ideas van llevando a otras hasta que al final a alguien se le ocurrirá una idea que será la mejor candidata, en un paso posterior, a ser la solución elegida. En un sentido, esa idea será propia de quien la ha propuesto, pero en otro sentido la idea es tributaria de las aportaciones de todos los demás. Por eso es importante no censurar ninguna y anotarlas todas.

¿Cómo puede ayudar el brainstorming al escritor?

El brainstorming en grupo tiene una serie de ventajas que uno solo, como escritor, no tendrá. Por ejemplo, la variedad de disciplinas y grados de experiencia de la que proceden todos los participantes puden propiciar el que las soluciones propuestas sean más variadas y cubran una mayor cantidad de aspectos que a uno solo no se le habrían ocurrido. Pero el escritor, estando solo, disfrutará de una mayor libertad a la hora de generar ideas sin que pese sobre él la losa de la preocupación por la imagen que pueda dar a otros. También, el escritor es el "padre" de su novela y tiene más claro hacia dónde quiere llevar la historia y qué desea que aparezca en ella y qué no, lo cual permitirá que las soluciones propuestas estén más centradas y ajustadas al tono general de la obra y al género al que pertenece. Por ejemplo, si está escribiendo una historia romántica es poco probable que las soluciones que se le ocurran conlleven la irrupción de extraterrestres (aunque, en principio, en el brainstorming de uno solo tampoco debe censurarse de antemano ninguna idea).

Hay estudios que demuestran que en el brainstorming individual a menudo se generan más ideas y, a veces, son incluso mejores que en grupo.

Para la sesión de brainstorming  individual, lo mejor es elegir un momento y un lugar tranquilos.

El escritor se sentará a pensar soluciones y las irá anotando en papel o en algún programa informático, tal como procesador de textos o aplicación específica para brainstorming. También se puede considerar el empleo de los mapas conceptuales. Es importante apartar al crítico interior que todos llevamos dentro, amordazarlo e impedirle a toda costa su particiación. Su aportación será indispensable a la hora de seleccionar, de entre todas las ideas formuladas, la que mejor se ajuste a la solución ideal, pero de momento es mejor dejar actuar sin restricciones al artista imaginativo que también llevamos dentro.

Por ejemplo, si en la novela que estamos escribiendo nuestro protagonista está preso en una cárcel de máxima seguridad y el problema al que nos enfrentamos es cómo escapar, las ideas generadas pueden ser las siguientes:

  • Termina de cumplir su condena y, simplemente, sale.
  • Cae un meteorito que destruye parte del muro exterior y, como consecuencia de la confusión, escapa.
  • Tiene colaboradores fuera que colocan explosivos en el muro exterior, con el mismo resultado que en la idea anterior.
  • Hay un terremoto que hace que el muro exterior se desplome, con las mismas consecuencias que en los dos casos anteriores.
  • Lo abducen los extraterrestres cuando está en el patio.
  • Soborna a un vigilante de la prisión.
  • Cava un túnel.
  • Otros presos están elaborando un plan de fuga y le proponen participar.
  • Revisan su condena y resulta que descubren su inocencia.
  • Etcétera.

La anterior es una lista pequeña de soluciones. De forma ideal, la sesión de brainstorming debería incluir muchas más, a no ser que de repente se nos ocurra la idea que nos haga exclamar "eureka", con lo cual no tendría sentido seguir imaginando soluciones sabiendo que ya tenemos la idea de la que nos hemos "enamorado" y que  más se ajusta a lo que queremos.

Lo más habitual será que al prolongar la sesión de brainstorming unas ideas nos irán inspirando otras hasta dar con  la solución definitiva, la que más nos convenza para nuestra historia en particular.

Si hay más de una idea candidata a solución definitiva, entonces es cuando echaremos mano del crítico interior. Analizaremos críticamente la lista de ideas propuestas y descartaremos las más descabelladas. Nos centraremos en las más ajustadas a la solución ideal según el tono de nuestra novela y las iremos depurando hasta dar con la más atractiva.

Pero eso no quiere decir que el resto de ideas hayan sido una pérdida de tiempo. A menudo las ideas descartadas nos inspirarán para la construcción de futuras escenas o incluso para la creación de nuevos personajes que enriquecerán la trama.