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LAS 22 REGLAS DE PIXAR (QUE NO SON DE PIXAR EN REALIDAD), ANALIZADAS

Por Stephan Vladimir Bugaj.

Regla 21

Debes identificarte con tus situaciones y personajes, no puedes limitarte a escribir guay.
¿Qué te haría a TI actuar de aquella forma?

Este buen consejo es una reformulación de la regla quince: “Si tú fueras tu personaje en esa situación, ¿cómo te sentirías? La sinceridad aporta credibilidad a situaciones increíbles”, pero con la sugerencia más explícita de que “te pongas en el lugar de tus personajes”. Así que tengo algunas pequeñas objeciones parecidas para con la forma en que está redactada y que podría llevar a algunos lectores a conclusiones contraproducentes.

Con respecto a la idea de que todos tus personajes hagan que el público se identifique con ellos y que respondas las preguntas sobre sus acciones basándote en cómo actuarías tú, me remito a mi análisis de la regla quince: en realidad debes imaginar cómo se sentiría tu personaje basándote en los rasgos centrales de personalidad y en las metas que le hayas dado a ese personaje, no solo intentar adjudicarles actuaciones que encuentres empatizables.

Lo que más necesitas hacer es comprender a tu personaje y sus situaciones. No meramente en un sentido mecánico del tipo “me documenté mucho”, sino en un sentido emocional.

Algunos personajes son tus propios avatares y te identificas con ellos por completo. Otros son extensiones fantásticas de una parte de ti mismo, o algo que te gustaría ser. Es natural que te identifiques con esos tipos de personajes.

Otros son historias con moraleja, versiones patéticas de ti mismo o algo en lo que temas convertirte. Con esos es fácil empatizar.

Pero si esos son los únicos personajes que escribas, al final acabarás atrapado en una rutina.

Por supuesto, siempre te convendrá “escribir de lo que sabes” poniendo en juego tus “temáticas centrales” —las clases de historias hacia las que estás naturalmente inclinado a contar—, pero también te interesa variar estableciéndolas en situaciones poco familiares pobladas por personajes que no tienen por qué ser una versión modificada de ti mismo.

Con esos tipos de personajes no se trata tanto de identificarse, o incluso empatizar con ellos, sino más bien de comprender quiénes son y crear escenas creíbles basadas en cómo actuarían esos personajes.

Lograr ese objetivo incluye el crear situaciones que tengan sentido para con ese personaje, que se haya metido en ellas a causa de sus metas y defectos, y formas de salir de ellas basadas en sus fortalezas y necesidades.

También podría no ser evidente el qué constituye una situación inapropiada. Podría parecer que es inapropiado que un soldado se vea forzado a bailar ballet, pero eso podría ser exactamente lo que ese soldado en particular necesita hacer en algún punto de su arco de personaje. Que las situaciones sean meramente incongruentes no significa necesariamente que estén mal.

Y un acto emocionalmente insincero en un punto del arco de un personaje podría ser esencial en otro punto. El sentido central del drama es hacer que el protagonista atraviese algún tipo de ordalía que le haga cambiar (o que “muera intentándolo” en una tragedia), lo que significa que las situaciones que se perciban como emocionalmente sinceras cambiarán junto con el personaje.

Por ejemplo, un narcisista actuando con desprecio por sí mismo parece que nunca podría ser algo correcto, pero si su arco le ha hecho ir desde ser narcisista hasta ser “humilde aunque con confianza en sí mismo”, entonces su desprecio por sí mismo podría muy bien ser crucial durante su momento más bajo, pero si eso ocurriese en cualquier otro momento de la historia, se percibiría como erróneo.

El público se identifica con las situaciones cuando pueden creer que los personajes en la escena podrían verse en ese aprieto en ese punto en el tiempo.

Es una cuestión de seguirle la pista de forma constante no solo a tu trama, sino también al arco de tu personaje a la luz de tu pregunta temática, y asegurarte de que se reconcilian.

Por último, está la cuestión de “no escribas guay”. Esto no significa que jamás puedas tener un personaje que sea hipster o hipcat (dependiendo de tu época).

Más bien se refiere al error de escribir personajes insípidos en un intento de cumplir con la expectativa superficial de cómo debe ser un personaje excitante. En otras palabras, tratar de que tu público diga “¡guau, ese tío es guay!” en lugar de que realmente tenga sentimientos por el personaje.

Los personajes guays son emocionalmente insinceros en virtud de ser estereotipos directos más que personas específicas diseñadas alrededor de arquetipos.

Las películas de acción mediocres presentan a menudo este problema en la forma de un héroe ultra-capaz cuyo único defecto es su remordimiento por no haber podido salvar a todos los buenos la última vez que entró en servicio.

Pero el estereotipo de comedia romántica de la mujer de hielo supercompetente que tan solo necesita al hombre correcto que le derrita el corazón es un personaje “guay” igual de perezoso.

Debes luchar por crear personajes y situaciones que sean “guays” en el sentido de tener valor como entretenimiento (según determine tu género) al mismo tiempo que sean emocionalmente sinceros y, por tanto, emocionalmente atractivos.


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