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LAS 22 REGLAS DE PIXAR (QUE NO SON DE PIXAR EN REALIDAD), ANALIZADAS

Por Stephan Vladimir Bugaj.

Regla 18


Debes conocerte a ti mismo: la diferencia entre hacer lo mejor que puedas y enredarte en detalles. Escribir una historia es experimentar, no perfeccionar.

Conocerse a sí mismo es absolutamente esencial. Es la diferencia entre hacer lo mejor que uno pueda y, no solo enredarse en detalles, sino acabar atascándose y rindiéndose.

La diferencia entre hacer lo mejor que puedas y enredarte con pequeños detalles hasta el punto de no ver el cuadro completo puede ser muy sutil, y aunque al final todo se reduce a conocerte a ti mismo, hay algunos signos generales de alarma para tener en consideración.

Si has dedicado mucho más tiempo de lo habitual en una sola página, probablemente ese sea un signo de que te has quedado enredado con los detalles. (Si todavía no has averiguado cuál es tu tiempo promedio, una sesión de más de una hora es una norma general apropiada para determinar si estás dedicando “demasiado tiempo a una sola página”).

Cuando te pase, sigue adelante. Si no lo has resuelto en la cantidad de tiempo habitual, lo más probable es que necesites tiempo sin pensar en el problema de forma consciente, en lugar de pasar más tiempo dando vueltas a los mínimos detalles.

También se da este problema cuando reescribes una y otra vez los diálogos y las descripciones para llevarlos a la “perfección”, o cualquier otra especie de trabajo de “pulido”, cuando todavía no has terminado los cambios generales en la historia que tienes identificados como necesarios en el borrador en cuestión.

Puedes hacer “perfectos” todos esos detalles una vez que los arcos narrativos, los hilos temáticos y la mecánica de la trama estén funcionando a la vez como un todo.

Incluso el diálogo y la acción deben ser solo “la idea justa” para cuadrar esa mecánica de alto nivel hasta el punto en que la historia sea verdaderamente cautivadora, emocional y “correcta”.

La escritura llena de matices, subtextual, puede añadirse en sucesivas revisiones una vez que el cuadro global esté pintado.

Si estás “pensando solamente” durante más tiempo del habitual, entonces probablemente te estés preocupando por hacer algo “equivocado” en un punto de la historia sobre el que no estás muy seguro. Lo que tienes que hacer es equivocarte y arreglarlo después.

Cuando estás atascado, dado que ya has escrito algo en todas las partes previas de la historia, hay una buena probabilidad de que alguna cosa que venga después inspire la solución de los detalles que te tienen enredado. Pero no podrás encontrar tal cosa hasta que hayas escrito más allá del problema actual y te adentres en el resto de la historia.

Mi mantra sobre esto es “equivócate pronto y a menudo”. No puedes arreglar nada durante la revisión si no hay nada que revisar.

Y, finalmente, si te descubres empleando más de un momento en pensar la hora del día, nombres de personajes, qué ropa llevan, detalles del decorado, modelos de coches, armas, ordenadores o cualquier detalle muy específico como los anteriores, estás completamente atascado y debes obligarte a reengancharte al duro trabajo de hacer progresar la historia, que es lo que estás evitando hacer.

Ninguno de todos esos tipos de detalles importan en absoluto en realidad. Son solo una distracción entretenida que te aparta del trabajo duro. (La rara excepción se da cuando esos detalles sean cruciales, y con eso quiero decir que sean del tipo “la historia se desmorona completamente sin ellos”, no del pseudo-crucial tipo “clavar todos los detalles me hace sentir muy listo”).

La segunda parte de la regla merecería haber sido una regla aparte, dado que es una idea en sí misma. Incluso si te conoces a ti mismo y comprendes la diferencia entre hacer lo mejor que puedas y enredarte con detalles, aún puedes encontrar problemas. Porque incluso si lo estás haciendo bien y de forma eficiente, aún puedes acabar metiendo la pata en el momento equivocado.

Comprimir la idea en medio tuit también lleva a una formulación que puede dar problemas a los escritores sin experiencia porque no necesariamente entienden qué quiere decir alguien de Pixar cuando dice “historia”. Se trata de un término conciso con significado implícito que puede que no todos comprendáis, así que lo voy a desentrañar para ayudaros a hacer un mejor uso del consejo.

Esta frase emplea una distinción entre “historia” como desarrollo de la historia y “producción” como implementación, en la cual todos aquellos involucrados en el proceso de la “historia” están creando todos los elementos de alto nivel (caracterizaciones generales, temas, arcos, inflexiones en la trama, secuencias) y aquellos encargados del proceso de “producción” refinan los detalles (diálogo, acción, localizaciones, momentos y escenas).

“Historia” en el sentido de “desarrollo de la historia” es el proceso de concebir, estructurar, delinear (dibujando o escribiendo) y probar ideas. Durante esta fase del proceso, todo está en bruto y los pocos detalles que se añaden tienen el único propósito de apoyar las ideas principales, y todo está sujeto a cambios en cualquier momento mediante la inspiración o el análisis.

Por tanto, lo que significa “escribir una historia es experimentar, no perfeccionar” es que cuando estés trabajando en las estructura básicas, los temas y las caracterizaciones en tu obra, debes concentrarte en el cuadro global y probar ideas en bruto para ver si funcionan o no, en lugar de quedarte atrapado en los detalles refinándolos hasta la “perfección”.

Pero una vez que todo en la historia empieza a encajar en su sitio comienza el proceso de refinamiento. Se reescriben y se organizan los diálogos, las descripciones y la acción; se diseñan y se visten los decorados, y así sucesivamente.

Este “refinamiento iterativo”, trabajando desde lo basto hasta lo pulido, es en realidad un abordaje ideal en todas las fases de toda forma de arte. En la producción cinematográfica, por ejemplo, todas las diferentes disciplinas artísticas involucradas usan el siguiente abordaje para crear su propia obra: el bosquejo primero, después la puesta a prueba y la revisión, la toma de decisiones y luego el refinado.

Meterse con el refinado de los detalles durante el proceso de desarrollo de la historia te lleva a empantanarte y a menudo te convierte en un perfeccionista para con las ideas refinadas, lo cual te impide el ponerlas a prueba. En el desarrollo de la historia no debes ser perfeccionista para con nada porque descartarás ideas incluso geniales que, simplemente, no funcionan en esa historia en particular.

Encontrar los problemas antes de meterte con los detalles hace que llevar a cabo las sucesivas revisiones sea mucho más fácil, no solo porque no serás un perfeccionista, sino porque el centrarte primero en la imagen global significa que también habrá menos hilos a los que seguir la pista en cada revisión.

Una vez que te metas en la reescritura, tendrás que concentrarte solamente en lo que sea más importante para tu historia incluso durante el refinado. Si algo no es importante para la historia, lo único que está haciendo es ocupar espacio que debería estar usándose para algo que sí sea importante.

En general, el punto crucial de este consejo es este: establece primero los elementos estructurales y temáticos principales de tu historia y ponlos a prueba mediante un bosquejo no perfeccionista hasta que encuentres algo que parezca ser lo que funciona mejor. Después refínalo. Y siempre concéntrate en lo que sea importante. El resto de detalles son solo un estorbo.


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