Esta web utiliza cookies propias y de terceros (estadísticas anónimas de visitas). Si continúas navegando, entiendo que  aceptas el uso que se hace de ellas.

LAS 22 REGLAS DE PIXAR (QUE NO SON DE PIXAR EN REALIDAD), ANALIZADAS

Por Stephan Vladimir Bugaj.

Regla 15

Si tú fueras tu personaje en esa situación, ¿cómo te sentirías? La sinceridad aporta credibilidad a situaciones increíbles.

Esta es otra que parece obvia, pero incluso los grandes escritores meten la pata a veces y hacen trampas a su público con actuaciones insinceras de los personajes en las que olvidan de forma consciente y constante llevar la cuenta de cada escena y reevaluarlas basándose en quiénes son los personajes en realidad.

Y, por supuesto, aquí hay sutilezas para tener en cuenta que harán que el consejo sea incluso más útil.

La frase “la sinceridad aporta credibilidad a situaciones increíbles” apunta a la idea de que puedes crear mucha suspensión voluntaria de la incredulidad y salir airoso aun con varios errores de “lógica interna del mundo”, siempre y cuando la escena sea emocionalmente sincera para con los personajes involucrados.

Esa es la idea correcta, pero si abusas demasiado de ello, el público se verá sobrecargado de cosas increíbles sin sentido y dejará de interesarse, incluso si los personajes son convincentes y sinceros emocionalmente.

Aquí me estoy refiriendo a la falta de credibilidad interna del mundo en el que se desarrolla la historia, violaciones de la lógica de ese mundo que has establecido. Puedes salir airoso con un mayor grado de incredulidad en el sentido de “eso no podría pasar en el mundo real” si eres emocionalmente convincente.

La implicación emocional que hace que el público acepte lo increíble como creíble es, de hecho, la razón por la que todas las formas de narrativa distintas del realismo estricto funcionan en absoluto. Las respuestas emocionales de los personajes ante las situaciones permiten que el público comprenda y se interese por un mundo ficticio y sus reglas no realistas.

Las emociones creíbles de los personajes también añaden credibilidad a los mundos y las situaciones que consideramos “inherentemente” creíbles. Después de todo, las historias son constructos artificiales creados por el escritor. Lo único que obtienes “gratis” como escritor es un contexto cultural general que no basta para hacer creíble ninguna situación más allá de las más mundanas. Todo lo demás lo haces creíble mediante la forma en que tus personajes reaccionan.

El público tiene que ser introducido en los mundos y las situaciones de la historia mediante un contexto creado por los personajes, no solo mediante un contexto establecido por el mundo, aunque sea un mundo que conocen. Si se trata de una “historia real”, la gente espera errores y adornos, y tienes que convencerlos de la veracidad de tus aseveraciones principalmente mediante el apelar a la emoción. (Por eso es tan fácil mentir acerca de los eventos reales. Cualquier cosa que se sienta como verdadera se convierte en verdadera).

En realidad no existe la “credibilidad gratis”. En el mejor de los casos hay claves culturales que facilitan el contexto. Aún tienes que hacer que todos los detalles específicos que añadas al contexto parezcan verdaderos, y las emociones creíbles de los personajes son la forma de llevar eso a cabo.

Si el público siente que los personajes de una historia están verdaderamente involucrados y comprometidos con su mundo, empezará a creer lo increíble.

Pero la situación misma también debe ser sincera. Tiene que ser una situación temática, creíble (no necesariamente plausible en el mundo real, sino creíble dentro del mundo en el que se desarrolla la historia), una situación que se perciba como una circunstancia natural en la que las emociones expresadas tengan sentido.

También está la idea de colocarte a ti mismo en el lugar de tu personaje, que es lo que la primera frase parece indicar a primera vista.

Eso, por supuesto, parece ser el consejo perfecto dado que siempre se nos ha dicho que nos imaginemos en “el lugar de otro” al tratar de entender sus sentimientos y perspectivas. Sin embargo, pensar en el desarrollo de los personajes de este modo es engañoso porque:

Estás tratando de hacer algo distinto de “ponerte en el lugar de otro” al crear un personaje.

Cuando te “pones en el lugar de otro” estás intentando imaginar cómo responderías si estuvieses en su misma situación. Es un experimento mental con el espejo de la empatía, cuya intención es que te des cuenta de que la respuesta de la otra persona ante la situación en la que se encuentra es comprensible.

Para crear algo de diversidad en tus personajes no te interesa que todos sean como tú. (Es inevitable que algo de tu forma de ver el mundo se deslice en cada personaje, pero no te interesa que todos ellos no sean más que pedazos de tu personalidad).

Al crear un personaje estás creando un constructo de personalidad cuidadosamente confeccionado, un modelo de una persona que no existe. Es más provechoso imaginar las formas en que tu personaje respondería a una situación que sean diferentes de tus propias respuestas, a lo largo de los mismos ejes de personalidad en que su carácter interno es diferente del tuyo, incluso aunque no parezca algo empático.

Por ejemplo, si tu personaje es un soldado explorando territorio enemigo y tú eres un amante de los perros, aun así tu personaje soldado deberá romperle el cuello al perro guardián que amenaza con delatar su presencia. Si te pones tú en esa situación, podrías perder el tiempo tratando de rodear al perro a hurtadillas o dejarlo inconsciente, pero ese no sería el enfoque correcto para un personaje que sea soldado profesional.

En realidad debes imaginar cómo se sentiría tu personaje basándote en los rasgos de personalidad y las metas que le has dado, no meramente tratar de proporcionarle actuaciones que encuentres empáticas (a no ser, claro está, que ese personaje en particular sea uno con el que empatices).

En último término, de lo que trata esta regla es de impulsar la historia hacia adelante mediante las reacciones de los personajes ante las situaciones que den como resultado personajes emocionalmente consistentes, no de darles respuestas que sean meras actuaciones que te convengan para que cada escena individual “funcione” (mecánicamente).

Si a los actos de tus personajes les falta sinceridad emocional, el público dejará de interesarse por ellos, momento en el que dejarán de interesarse por tu argumento sin que importe lo “ingenioso” que pueda ser.

Artículo anterior: Análisis de las "reglas de Pixar" nº 14.

Artículo siguiente: Análisis de las "reglas de Pixar" nº 16.