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LAS 22 REGLAS DE PIXAR (QUE NO SON DE PIXAR EN REALIDAD), ANALIZADAS

Por Stephan Vladimir Bugaj.

Regla 14

¿Por qué tienes que contar ESTA historia? ¿Qué creencia arde en tu interior de la cual se alimenta tu historia? Ese es su corazón.

Esto se refiere al tema. A pesar de que Sam Goldwyn desgraciadamente (y, tal vez, de forma apócrifa) dijo “si tienes un mensaje, llama a Western Union”, es el tema o el mensaje el que da a la historia su fundamento, unificando su significado.

De lo que Goldwyn (probablemente) se quejaba era del mensaje torpemente manifiesto que consiste en sermonear al público o hablarle de forma paternalista. Dicho de otro modo, la tarea del escritor es mantener el subtexto fuera del texto y dejar que los personajes transmitan el mensaje de la historia de un modo que parezca natural en relación con quiénes son esos personajes.

La razón por la que quieres contar una historia en particular —su tema, su mensaje o su corazón— unifica todos los demás elementos de la historia alrededor de una pregunta central.

En su forma más general, la pregunta central siempre es “¿la creencia fundamental del protagonista es verdadera o falsa?”

Más tarde pueblas la historia con personajes que tienen opiniones diferentes con respecto a esa pregunta —el soñador, el cínico, el realista y todas las combinaciones de esas cualidades—. El drama en la historia resulta de poner a prueba repetidamente la creencia-hipótesis en formas que, de forma legítima, dejen abierta la pregunta para el público hasta el final.

Tu elección de los personajes, cuáles sean sus motivaciones y su arco narrativo, todo eso viene como resultado de ese tema central.

Entretanto, deberías resolver problemas con la historia basados directamente en las motivaciones y los arcos de los personajes, porque eso es lo que le dará al público los resultados emocionales más naturales. Si has hecho bien tu trabajo como escritor y has poblado tu historia con gente y situaciones que (en diferentes formas) están relacionadas con la pregunta central, tales soluciones incorporarán tu tema necesaria e indirectamente.

Por ejemplo, si estás escribiendo una historia en la que quieres de decir que “el amor lo conquista todo”, entonces la pregunta central es “¿prevalecerá el amor sobre todos los obstáculos?” y tu respuesta final en la resolución es “sí”.

Tu personaje principal podría, o bien estar buscando una forma de amor equivocada, o bien creer que buscar el amor es una tontería y tiene que ser convencido de que es la cosa más grande del mundo (básicamente).

Entonces, el creyente en el romance de cuento de hadas y el “realista” desengañado servirán como el ángel y el demonio en los hombros del personaje principal (a pesar de que en una buena historia ambos son un poco de cada uno). Al final, en la resolución, el personaje terminará consiguiendo al Señor o la Señora Media Naranja.

Parece simplista porque lo es. Y lo es porque se trata de un armazón.

Es muy difícil montar un armazón complicado y construir encima, y por lo general da como resultado que todo lo que se asiente sobre él sea inestable. (Por ejemplo, embarullado, demasiado analítico o directamente confuso).

Es mejor tener unos cimientos sencillos, sólidos, y apilar complejidad sobre ellos donde sea apropiado. El hacer complicados tus elementos de base no necesariamente te hará parecer un artista más listo, mejor o más único. Empieza de forma sencilla y crea riqueza por medio de cómo tus personajes complican una idea simple debido a sus defectos e impulsos.

En la UCLA* dicen “historia sencilla, personajes complejos”, pero incluso si tienes una historia compleja y basada en la trama, todavía necesitas un tema fuerte y unificador que haga cada personaje y cada momento relevantes en el sentido del porqué de la historia, en lugar de ser “solo asuntos” que meramente importan para el cómo de la historia (no importando lo ingeniosos o entretenidos que puedan ser esos asuntos).

Incluso obras largas y aparentemente desenfocadas como el Ulises de Joyce por lo general tienen una pregunta central oculta allá en alguna parte, debajo de todas esas capas. (En esa clase de obras, a menudo es alguna variante sobre la muy ambiciosa pregunta de “¿cuál es el sentido de la vida?”, y con frecuencia después de que toda la profunda búsqueda dentro del alma ha finalizado, la respuesta es un muy poco ambicioso “vivirla lo mejor que uno pueda, día a día”).

Toda pregunta capital fácil de enunciar tiene infinitas maneras de personificar las perspectivas que sobre ella tienen los personajes, de profundizar en sus sutilezas y de encontrar riqueza para la historia al explorar sus matices. De ahí nace la profundidad de la historia.

El tener una respuesta clara y concisa a la pregunta “¿por qué estoy contando esta historia?” en la forma de un enunciado sobre el tema siempre te permitirá “profundizar” en los lugares correctos y mantenerte centrado en lo importante, y eso te ayudará a mantener el interés del público en la historia y hacer que le valga la pena.

* University of California, Los Angeles. (N. del T.).

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