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LAS 22 REGLAS DE PIXAR (QUE NO SON DE PIXAR EN REALIDAD), ANALIZADAS

Por Stephan Vladimir Bugaj.

Regla 13

Haz que tus personajes tengan opiniones. Pasivo/maleable puede resultarte grato al escribir, pero es veneno para el público.

Hazlo, definitivamente. Pero no te limites a dotar de opiniones a tus personajes. Dales motivaciones, deseos y metas que les hagan ponerse en acción. Las acciones de un personaje con defectos provocan conflictos y consecuencias. El conflicto y sus consecuencias son la raíz de todo drama.

Los personajes principales pasivos son como el beso de la muerte en muchas historias, en especial en aquellas cuya trama se desarrolla en un "mundo interesante" y en las que el escritor está más enamorado del mundo que de los personajes.

En tales historias, el escritor va empujando al protagonista a lo largo del argumento obligándolo mediante las circunstancias en lugar de dejar que la motivación del protagonista lo impulse.

Los personajes débiles disminuyen el interés y son menos atrayentes que aquellos personajes cuyas motivaciones y decisiones crean sus problemas y también los resuelven.

El público disfruta de las historias que tratan acerca de personajes que tienen motivaciones. Los personajes motivados son interesantes, lo cual es incluso más importante que el hecho de que sean agradables o nos caigan bien.

De hecho, el deseo de crear personajes que provoquen simpatía es a menudo lo que origina personajes débiles y maleables.

Los escritores asumen que nos caen mejor los personajes víctimas de las circunstancias, embaucados por los villanos o arrastrados hacia los problemas. Tal vez sea así, pero la simpatía no es la emoción más importante que el público puede sentir por un personaje principal.

Que el público se sienta cautivado por un personaje es más importante que el que les caiga bien.

En una gran historia, incluso un personaje que es vapuleado por el mundo y es víctima de las circunstancias, tiene alguna meta o deseo que se está viendo truncado por esos acontecimientos externos. E incluso los protagonistas más apaleados deben emprender alguna acción para tratar de cambiar la situación si quieres que el público crea que merece ganar.

Por supuesto, al principio el protagonista fracasará a la hora de resolver sus problemas, dado que el público quiere ver, y el drama requiere, que los personajes fracasen al intentar resolver el conflicto central antes de triunfar al final (si es que llegan a hacerlo).

Las historias que el público quiere oír son las de los personajes con puntos de vista fuertes y que toman decisiones cruciales sobre sus metas (no importan los defectos que puedan tener esas metas).

Por ejemplo, en el biopic El hombre de hielo (The iceman), Richie es un personaje repugnante, muy desagradable y solo marginalmente simpático. Pero sus obsesiones y las consecuencias que tienen en su vida constituyen una historia interesante. Es una historia desagradable, pero mantiene a los espectadores enganchados.

Además, no confundas el concepto de tener opiniones y motivaciones fuertes con un género, tono o ritmo en particular.

Los protagonistas motivados no se encuentran solo en historias del género de acción. Una gran comedia romántica como es Mejor… imposible, o incluso un drama romántico de época "lento" (y maravilloso) como Óscar y Lucinda también tienen personajes con opiniones y motivaciones fuertes. Sus metas y deseos son "pequeños" y humanistas más que épicos y míticos, pero igualmente son lo que mueve a los personajes hacia la acción.

Esta necesidad de personajes activos va más allá del mero "los personajes pasivos son aburridos". Lo anterior es cierto, pero más importante aún es que los personajes activos son necesarios porque su comportamiento da al público un contexto gracias al cual puede comprender la historia.

Porque lo único que hace que el público se identifique con una historia son los personajes. Ni las circunstancias ni el ambiente nos resultan especialmente convincentes fuera del contexto de la experiencia emocional humana.

El espacio profundo, "La Matrix" o el fondo oceánico son todos entornos intelectualmente fascinantes. Pero en las historias, generalmente poblamos esos lugares con gente cuyas emociones nos importan. E incluso si elegimos poblarlos con alienígenas del espacio, osos panda o carreras de coches, los antropomorfizamos para hacer posible que un público humano se identifique con ellos.

Alguien sin un punto de vista fuerte y comprensible nos resulta confuso porque no podemos basar sus respuestas en los eventos de la historia.

Para tener sentimientos hacia alguien necesitamos saber qué está sintiendo ese alguien, y si no conocemos sus ideas acerca del mundo y no vemos las acciones que emprenden para poner en juego esas ideas, no tenemos, realmente, un contexto para poder saber qué sienten con respecto a lo que les está sucediendo.

Esto no es una fórmula o un truco, sino ciencia cognitiva.

El público quiere ver personajes que experimenten emociones porque estamos programados de forma innata para encontrar satisfactorio eso. Pero a no ser que el público conozca la forma de ver la vida que tiene el personaje, sus motivaciones y sus deseos, no podrá contextualizar e interpretar el comportamiento del personaje y saber lo que sienten por él.

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