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LAS 22 REGLAS DE PIXAR (QUE NO SON DE PIXAR EN REALIDAD), ANALIZADAS

Por Stephan Vladimir Bugaj.

Regla 11

Ponerlo sobre el papel te permite empezar a arreglarlo. Si se queda en tu cabeza como una idea perfecta, nunca la compartirás con nadie.

Este fantástico consejo puede parecer trivialmente obvio, pero en la práctica la “parálisis de perfección” es uno de los peores enemigos de todos los artistas. Aparece más de una vez en este texto porque es un problema difícil de superar para muchos artistas.

Esta es la raíz de algunos dichos concisos, como “no permitas que lo perfecto sea enemigo de lo bueno”, del cual esta regla es, básicamente, una medio reformulación (dado que este dicho también significa no elaborar en exceso algo tratando de alcanzar una meta inalcanzable que has fijado en tu mente, cosa que también hay que evitar).

Pero esta idea de no obsesionarse con la perfección también apunta a otra verdad, que consiste en llevar un paso más allá el consejo normal y decirte a ti mismo:

“No permitas que lo perfecto sea enemigo de lo malo”.

Porque para crear lo bueno y después lo excelente, primero tienes que sacar adelante la versión mala.

Luego debes empezar a arreglarla.

Porque, como dijo Hemingway, “el primer borrador de algo es una mierda”. Quien te diga lo contrario, o miente o bien ha tenido uno de esos raros momentos de confluencia perfecta de inspiración y preparación que les le lleva a pensar que tal cosa es repetible. No lo es, así que asúmelo y empieza a amar el proceso de reescribir, porque “toda escritura es reescritura” (como ha dicho un trillón de personas).

El no permitir que lo perfecto sea enemigo de lo malo es tan importante como no permitir que sea enemigo de lo bueno. Tienes que fracasar antes de triunfar, y es el miedo al fracaso lo que le impide a la gente intentar hacer algo.

Unos cuantos de mis amigos han asistido a la venerable escuela de arte CalArts. Muchos me han hablado de un profesor de dibujo (apócrifo tal vez, dado que nadie parece recordar su nombre) que decía a sus alumnos en su clase (obligatoria):

“Todos lleváis dentro cinco mil dibujos malos, y en esta clase vais a sacároslos uno por uno”.

Más que quedarte atascado haciendo ninguno o un dibujo, guion, canción o lo que sea en lo que consista tu arte, tan solo deja que tu producción sea mala.

Por supuesto, después tienes que tratar de arreglarlo, porque la revisión es la clave de todo arte.

Pero a veces no puedes arreglarlo. A veces eso significará abandonar una gran idea, aparentemente “perfecta” porque en realidad no se trata de una buena idea (o no es una buena idea para ti).

O podría significar que volverá más adelante, cuando tengas la experiencia suficiente para convertirla en algo grande. Pero si la dejas de lado mientras tanto, al menos estarás trabajando, y eso significa que estarás mejorando.

Por cierto, ¿de dónde sacamos esas ideas de perfección? Vienen de cómo percibimos la manera en que el mundo nos percibe a nosotros en relación con los demás. Con otras palabras, la parálisis de perfección viene de compararse a uno mismo con otros.

Sucede que soy amigo de unos cuantos guionistas y músicos de alto nivel. Su trabajo me inspira. Me hace desear el hacer mejores cosas. No copiarles, sino ganarme y mantener el estatus de colega profesional (no de amigo. La amistad no se gana, se recibe).

Cuando me comparo con ellos directamente es cuando me quedo atascado.

Si me veo pensando que no puedo escribir este guion hasta que tenga garantizado que puedo hacer que parezca que el señor X lo escribió (o grabar esta canción hasta que sepa que sonará como si el señor Y la produjo, o rodar esta película hasta que sepa que parecerá como si el señor Z la rodó), tengo que parar y regañarme en el sentido de que tal tipo de pensamiento me llevará a no hacer nada jamás.

No puedo hacer lo que hacen ellos de la misma manera porque no soy ellos.

Podría, o no, ser tan bueno como lo son ellos en algunos o todos los elementos de su arte. Podría incluso tener más experiencia en algunos aspectos de la disciplina. Pero no soy realmente ellos.
Todas nuestras ideas de perfección se han creado a partir de la síntesis de aspectos de la gente que nos inspira y que encontramos atrayente, y a menudo esos aspectos versan sobre las cosas que ellos aportan a la disciplina y en las que nosotros no somos buenos, lo cual hace aún más difícil el alcanzar ese ideal perfecto.

El esforzarse en pos de la perfección es autosaboteador porque es caer en la trampa de no permitirse uno trabajar hasta haber ya “perfeccionado” exactamente las partes de su arte que encuentra más desafiantes, ¡algo imposible de hacer hasta que uno no se haya permitido el ponerse a trabajar!

Así que permítete hacer un mal trabajo. Luego revisa, revisa, revisa. Incluso después de todo eso, algo de lo que liberes al mundo seguirá sin ser tu mejor obra.

No solo tu producción anterior será, en promedio, peor que tu producción posterior al haber ganado más experiencia, sino que a veces tu producción posterior será también un paso en falso.

Porque todo el mundo está aprendiendo siempre, y solamente puedes hacerlo probando cosas que podrían fracasar. Lo cual es absolutamente todo. Todo lo que hagas podría fracasar, incluso si posees mucha experiencia.

Tan solo considera el béisbol (es cierto; la única regla esencial de ser escritor es que debes compararlo todo con el béisbol).

Los equipos juegan unos ciento cincuenta partidos por temporada. Esa es mucha experiencia incluso en una sola temporada. Los Chicago Cubs de 1906 ganaron un 77% de los partidos que jugaron, el mejor porcentaje de victorias en béisbol que ha habido jamás. Pero perdieron el Campeonato Mundial, además del 33% de sus partidos regulares de temporada. Y solo catorce equipos han ganado el 70% o más de las veces en los últimos ciento cuarenta años.

Ted Williams alcanzó la base durante el 48% de las veces como bateador, logrando el mejor record de bases de la historia. Eso significa que Ted Williams, la mayor amenaza en el plate en la historia del béisbol, falló más de la mitad de las veces (52%).

Un jugador promedio de las Grandes Ligas no consigue alcanzar la base en el 65% de las veces. Una tasa de fracaso del 65% se considera una buena marca para una sólida carrera profesional como bateador.

Cada vez que te colocas en el plate en cualquier disciplina, te arriesgas a fracasar. Los profesionales son los que siguen regresando al plate y trabajando. Los grandes son los que nunca se rinden, aprenden de cada error y, con una combinación de perseverancia, habilidad y mucha suerte, consiguen ir más allá.

Por supuesto, hay una gran diferencia entre los deportes y las artes, pero la idea básica es la misma: debes arriesgarte a fracasar para estar arriba, y cuando fracases, continúa levantándote hasta conseguir un acierto. (Pero asegúrate de seguir estudiando, practicando y refinando tu arte mientras tanto).

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