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Al hilo del anterior post sobre las "22 reglas de Pixar para la creación de historias", me propongo, a lo largo de veintidós artículos, publicar un extensivo análisis de las citadas "reglas" realizado por Stephan Vladimir Bugaj, autor del eBook gratuito Pixar's 22 Rules of Story (that aren’t really Pixar’s), Analyzed.

Stephan V. Bugaj es, como él mismo se define, un escritor y cineasta que ha trabajado en numerosos y conocidos proyectos, entre los que está el haber colaborado en la segunda temporada de The walking dead y en Juego de tronos. Cuenta con una experiencia de doce años de colaboración con Pixar Animation Studios, lo cual le capacita de sobra para analizar cada una de esas veintidós "reglas" enriqueciéndolas con valiosos consejos y matizaciones que el aprendiz de escritor sabrá apreciar.

Me puse en contacto con él solicitándole su permiso para traducir al español su eBook y publicarlo aquí en una serie de veintidós artículos (y el libro completo en PDF al final). Stephan ha sido tan amable como para responder con prontitud —y con interés— a mi propuesta, así que aquí están, con su autorización expresa, la introducción y el primer capítulo de su interesante análisis.

LAS 22 REGLAS DE PIXAR (QUE NO SON DE PIXAR EN REALIDAD), ANALIZADAS

Por Stephan Vladimir Bugaj.

Introducción

En 2011 una antigua compañera en Pixar, Emma Coats, tuiteó una serie de aforismos sobre narrativa que fueron compilados después en forma de lista y circularon como “Las 22 Reglas de Pixar para la creación de historias”.

En el post de su blog donde los recopiló, estableció claramente que aquellos tuits eran "una mezcla de cosas aprendidas de directores y compañeros de trabajo en Pixar, de oír a los escritores y a los directores hablar acerca de su arte, y por la vía de ensayo y error al hacer mis propias películas".

Todos aprendemos de todos en Pixar, y es la “escuela de rodaje” más increíble que podrías tener. Todo el mundo en la empresa se esfuerza continuamente por aprender cosas nuevas y superarse en sus propias áreas de experiencia.

Se fomenta el compartir ideas, y es con este espíritu que se publicaron los 22 tuits originales.

Sin embargo, cierta cantidad de personas han tomado la lista como si fuera una fórmula de Pixar, un juego de reglas inamovibles que seguimos y que son “la manera correcta” de abordar la creación de historias.

Pero ese no es el espíritu con el que se concibieron. Se publicaron para hacer que la gente pensase en cada tema tratado, como el principio de una conversación, no como la última palabra.

Después de todo, ciento cuarenta personajes están lejos de ser suficientes para servir como un resumen “final y completo” de un tema tan complejo e importante como es la creación de historias.

Así que, dado que se ha asociado el nombre de Pixar con esa lista, decidí que sería beneficioso para el mundo de los creadores de historias el que otro “pixariano” escribiese una serie de artículos de blog para tratar cada uno de los aforismos, uno cada vez, y analizarlos.

Con el mismo espíritu de inspiración, exploración y debate en que concibieron los consejos, encontré puntos de acuerdo y desacuerdo, y ofrezco advertencias, extensiones y eliminaciones que pensé que fortalecerían los consejos.

Este libro es una recopilación de aquellos artículos de blog (con algunas modificaciones, siendo la más notable esta introducción, que termina antes de que se convierta en divagación).

Regla 1

Se admira más a un personaje por sus esfuerzos que por sus éxitos.

En lo principal, el enunciado es cierto. Es un buen consejo de base, especialmente dado que muchos escritores “se lo ponen demasiado fácil” a sus personajes porque les gustan. El drama proviene de la lucha, y la empatía y la admiración se producen al ver a alguien esforzándose ante las probabilidades adversas.

Un film en el que el protagonista nunca fracasa en nada está más bien desprovisto de conflicto, y es improbable que eso mantenga el interés de nadie, pero el enunciado se refiere, en último extremo, al equilibrio entre ver a un personaje fracasar y verle tener éxito en tener un impacto sobre el aprecio del espectador hacia el personaje; no se refiere a la dinámica de la trama.

Más aún, la mayoría de la gente se considera a sí misma como corriente, incluso prosaica. Cuando intentan hacer cosas, se fijan en los malos resultados obtenidos y en lo lejos que se han quedado de alcanzar sus metas.

Los personajes que actúan así provocarán empatía y simpatía en el público con más facilidad.

Un ejemplo clásico y fácil de entender es la historia de un verdadero perdedor habitual: el hombre común que trata de hacer algo que se supone que solo los hombres especiales son capaces de hacer.

El ejemplo evidente es una historia como Rudy, pero a Indiana Jones y John McClaine se les adora, personajes de aventuras “cercanos a uno mismo” en sus primeras películas porque eran vulnerables tanto física como emocionalmente.

Pero hay una presuposición en la premisa del enunciado que también puede causar problemas a los creadores de historias si no tienen cuidado: que es necesario que los personajes sean admirados.

A veces se desea que un personaje sea interesante, más que admirado o hasta simpático, quizá incluso yendo tan lejos como para crear un protagonista que sea interesante y cuestionable, antipático o incluso reprobable.

Y un personaje que triunfa más que fracasa puede ser interesante.

Las historias de superhéroes confían a menudo en esto para establecer que el héroe está acostumbrado al triunfo fácil, como también lo está el mundo al que protege, con el propósito de subrayar lo poderoso que el malo tiene que ser para soliviantar este statu quo.

Las historias de antihéroes, por otro lado, invierten los términos para mostrarnos a alguien que es bueno en ser malo, de modo que cuando se esfuerce en ser bueno sepas que para cambiar está renunciando a algo que le funcionaba. (Ese sacrificio es un elemento crucial, a menudo pasado por alto, del arco narrativo de un gran personaje; un elemento que se aplica a todos los personajes, no sólo a los antihéroes).

Otro uso “ingenioso” de invertir los términos se da en historias en las que el hecho de que el protagonista no experimente conflicto en su vida es su principal fuente de conflicto. Pero esto no es común y raramente se hace bien.

Así pues, mientras que el consejo es cierto cuando tu meta es que tu personaje encaje en la categoría de “personaje admirable, simpático, con el que el espectador empatiza con facilidad”, esa no es la única clase de personaje que la gente encontrará cautivadora. Por tanto, si lo que tu historia necesita no es un personaje simpático, fíjate en cómo puedes cambiar ese equilibrio “triunfo frente a fracaso” para que sirva al personaje que estás creando.


Artículo anterior: Las "22 reglas de Pixar" de la creación de historias.

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